El Final de la Era de la Iglesia, ... y Después
En este estudio hemos aprendido que Dios
ha desarrollado cuidadosamente un plan para evangelizar al mundo. Consiste de
tres estaciones y tres tiempos. Hasta aquí en nuestro estudio hemos examinado
con algún detalle los dos primeros tiempos, es decir, los tres años y medio de
hambre de la época de Jesús y el hambre espiritual de oír la Palabra de Dios
durante la Gran Tribulación.
También hemos examinado con algún detalle la primera
estación llamada lluvia temprana justa la cual fue la era del Antiguo
Testamento, que resultó en la cosecha de Jesucristo mismo como el Mesías.
Luego examinábamos la segunda estación que fue llamada lluvia Pentecostal
temprana. Comenzó cuando Jesús se levantó de la tumba y continuó por más de
1950 años con la iglesia.
Trajo una cosecha espiritual de primeros frutos
Pentecostales, el total cumplimiento de lo que está simbolizado por el número
144,000, del cual Dios habla en Apocalipsis 7 y Apocalipsis 14. Más adelante
examinaremos los 144,000 con mayor detalle para ver por qué ellos son el total
cumplimiento de la era de la Iglesia.
Estamos ahora listos para considerar la tercera y última
estación, que es la estación de la lluvia tardía. Descubriremos que es un
tiempo que coincide con la última parte de la Gran Tribulación.
En la Biblia, el uso de la palabra “lluvia” puede
estar enseñando la maldición de Dios o la bendición de Dios. Cuando Dios
destruyó el mundo en los días de Noé, gran parte del agua que cayó sobre la
tierra vino como lluvia. Leemos que llovió cuarenta días y cuarenta noches.
Esta lluvia fue un juicio sobre la tierra. Por otro lado, frecuentemente leemos
de lluvia sobre la tierra como una expresión del mensaje de salvación, el
verdadero Evangelio, viniendo del cielo a la tierra. Deuteronomio 32:1-3 enseña
este principio:
Escuchad, cielos, y hablaré; Y oiga la tierra los dichos de mi boca. Goteará como la lluvia mi enseñanza; Destilará como el rocío mi razonamiento; Como la llovizna sobre la grama, Y como las gotas sobre la hierba; Porque el nombre de Jehová proclamaré. Engrandeced a nuestro Dios.
Como aprendimos anteriormente en este estudio, esta lluvia
del Evangelio se divide particularmente en dos estaciones durante la era del
Nuevo Testamento. Estas estaciones de lluvia y el tiempo entre estas estaciones
de lluvia son tan importantes que revisaremos parte de este material presentado
hasta aquí.
En primer lugar, está la lluvia Pentecostal primera o
temprana, y a continuación de esta sigue la lluvia tardía. En Deuteronomio
11:14-15 leemos:
Yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite. Daré también hierba en tu campo para tus ganados; y comerás, y te saciarás.
En Santiago 5:7, se declara el mismo principio:
Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.
Esto también se enseña en Jeremías 5:24:
Y no dijeron en su corazón: Temamos ahora a Jehová Dios nuestro, que da lluvia temprana y tardía en su tiempo, y nos guarda los tiempos establecidos de la siega.
En Oseas 6:3, hallamos otra referencia a este principio:
Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra.
Que hay lluvia primera o temprana y lluvia tardía, cada una en su estación, nos instruye que Dios anticipa la proclamación del Evangelio en más de una estación. Esto armoniza con la enseñanza de Jesús en Hechos 1:6,7:
Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad.
La restauración del reino a Israel se
logra cuando el Evangelio es proclamado. Aquellos que se salvan vienen a ser
parte eterna del Israel de Dios.
¿Cómo entonces se dividen estas estaciones de lluvia
temprana y lluvia tardía? Podemos aprender algo de esto cuando vamos a
Deuteronomio 11:16,17:
Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe, y os apartéis y sirváis a dioses ajenos, y os inclinéis a ellos; y se encienda el furor de Jehová sobre vosotros, y cierre los cielos, y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis pronto de la buena tierra que os da Jehová.
Este es un versículo muy
significativo porque enseña que hay una interrupción entre la primera lluvia y
la lluvia tardía. Esta interrupción vendrá si quienes son comisionados y
mandados por Dios para llevar el verdadero Evangelio comienzan a servir a otros
dioses, trayendo doctrinas que no vienen de la Biblia.
Podemos además entender la lluvia temprana y tardía
cuando reconocemos que el propósito de la lluvia es producir una cosecha.
Recuerde que en Deuteronomio 11:14, Dios declaró:
Yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite.
De esta manera debemos comprender lo que la Biblia tiene que decir acerca de cosechar. Hubo una cosecha temprana Pentecostal y una cosecha al final del año. En Exodo 23:16, Dios habla de estas dos cosechas:
También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores que hubieres sembrado en el campo, y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo.
La fiesta de las cosechas era celebrada en Pentecostés. La fiesta de la reunión o fiesta de los tabernáculos era celebrada en el mes séptimo. La fiesta de Pentecostés, la cual era observada siete semanas después de la Pascua, era el tiempo cuando los primeros frutos eran traídos. Leemos en Levítico 23:16,17:
Hasta el día siguiente del séptimo día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis el nuevo grano a Jehová. De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová.
Esta ofrenda de primeros frutos o
primicias era de la cosecha temprana, o primera cosecha, de la tierra. Esta, por
tanto, tendría relación con la lluvia primera o lluvia temprana. En el Nuevo
Testamento este día era llamado Pentecostés porque se celebraba cincuenta días
después de la expiación.
La fiesta de los tabernáculos era en el mes séptimo
del año Judío y coincidía con la terminación de la cosecha. Leemos en
Deuteronomio 16:13:
La fiesta solemne de los tabernáculos harás por siete días, cuando hayas hecho la cosecha de tu era y de tu lagar.
Esta fiesta, por consiguiente, tendría relación con la lluvia tardía, la cual estamos estudiando en este capítulo.
Al ir ensamblando la información Bíblica que nos ayudó a entender la lluvia temprana y tardía, leíamos en Joel 2:21-24:
Tierra, no temas; alégrate y gózate, porque Jehová hará grandes cosas. Animales del campo, no temáis; porque los pastos del desierto reverdecerán, porque los árboles llevarán su fruto, la higuera y la vid darán sus frutos. Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite.
A causa del carácter tan útil de
estos versículos, los examinaremos otra vez.
Este pasaje es más complicado porque declara: “Porque
os ha dado (debería decir: “os da”) la primera lluvia ´moderadamente´(la
palabra Hebrea debería ser traducida “justamente”) y hará descender sobre
vosotros, lluvia temprana y tardía ´como al principio´” (debería decir
“después de la primera”). Este pasaje está hablando de dos estaciones de
lluvia. La primera es la primera lluvia justa. La segunda es otra estación de
lluvia que está
dividida en dos partes, una lluvia temprana o primera, y una lluvia tardía. La
segunda habrá de venir después de la primera lluvia justa.
Recuerde que aprendimos en este estudio que la primera
lluvia justa se trataba de la era del Antiguo Testamento, la cual produjo a Jesús
como la cosecha. La siguiente lluvia temprana o primera, se identifica con
Pentecostés y trajo como cosecha a todos aquellos que fueron salvos durante la
era de la Iglesia.
Para ayudarnos a entender mejor esto, ahora debemos ir a
Santiago 5:17, 18, donde Dios dice:
Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.
Este pasaje inmediatamente nos lleva a I Reyes 17:1, donde leemos:
Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.
El fin de esta sequía severa que llegó, sucedió inmediatamente después de la contienda en el Monte Carmelo. Leemos en I Reyes 18:22-24:
Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres. Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho.
Inmediatamente después de esta contienda, leemos en I Reyes 18:43-45 que hubo una gran lluvia. En otras palabras, la sequía terminó.
Cuando buscamos el significado espiritual de esta sequía y esta contienda en el Monte Carmelo, vemos muy claramente que se relaciona al ministerio de Cristo, incluyendo Su crucifixión y el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés. Elías representa claramente a Cristo. Santiago 5:17 nos revela que la sequía del día de Elías continuó por tres años y seis meses. Este es el tiempo exacto desde el bautismo de Jesús, cuando fue oficialmente proclamado como el Cordero que quita el pecado del mundo, hasta el día que fue llevado a la cruz. Fue en ese tiempo que el fuego de la ira de Dios fue vertido sobre el animal sacrificial colocado sobre el altar, y tanto el animal como el altar representan a Jesús, quien es el cumplimiento de todos los sacrificios. El hecho de que los 450 profetas de Baal no pudieron hacer descender fuego del cielo prueba que Satanás no podía traer, ni trajo juicio sobre Cristo. Solamente Cristo, como Sumo Sacerdote, podía ofrecer el Cordero sacrificial, el cual era El mismo, quien tendría que quedar bajo el fuego de la ira de Dios. El hecho de que 450 profetas de Baal fueron muertos por Elías (I Reyes 18:40), representa la realidad de que a Satanás le fue dado un golpe de muerte cuando Cristo pagó el castigo de la ira de Dios por nuestros pecados. Así, antes que estos tres años y medio llegaran a su final, juicio vino sobre Cristo y juicio vino sobre Satanás.
¿Recuerda usted que anteriormente en este estudio aprendimos que hubo una escasez espiritual, una sequía espiritual, durante los tres años y medio cuando Jesús estaba proclamando el Evangelio a la tierra de Israel? Esto fue así, a pesar del hecho de que El era el predicador perfecto. ¿No lo dijo El mismo, en Lucas 4:43?:
Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado.
Verdaderamente, Jesús era el predicador perfecto. El es Dios mismo. Pero la predicación sola no trae la salvación. Dios Espíritu Santo tiene que aplicar la Palabra predicada a los corazones de quienes han de ser salvos. Leemos en Mateo 13:2:
Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.
Cuando los discípulos le preguntaron, en el versículo 10: “¿Por qué les hablas por parábolas?”. Jesús contestó, en el versículo 11:
“El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.”
Es decir, solamente aquellos a quienes Dios da entendimiento comprenderán el Evangelio. Aquellos a quienes no se les ha dado entendimiento, no comprenderán el Evangelio. Además Jesús declaró en Mateo 13, versículos 14-16:
De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen.
Ahora entendemos por qué después de tres años y seis meses de predicación perfecta, solamente habían 120 en el aposento alto (Hechos 1:15). Además, leemos de 500 viéndolo después de Su resurrección (I Corintios 15:6). Muy pocos se estaban salvando. Por ejemplo, en Juan 6, leemos de Jesús haciendo muchos milagros, incluyendo la alimentación milagrosa de los 5,000, y sin embargo, cuando Cristo comenzó a enseñar la verdadera naturaleza del Evangelio, leemos en Juan 6:66:
Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.
Ahora podemos entender lo que Jesús estaba enseñando en Lucas 10:13-15:
¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que sentadas en cilicio y ceniza, se habrían arrepentido. Por tanto, en el juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaum, que hasta los cielos eres levantada, hasta el Hades serás abatida.
Corazín, Betsaida, y Capernaum eran ciudades cercanas al mar de Galilea. Fueron las ciudades más cercanas donde Jesús llevó a cabo la mayor parte de Su predicación, y sin embargo este lenguaje implica que prácticamente nadie fue salvo. Este lenguaje subraya la total incredulidad de aquellos a quienes Jesús ministró. Verdaderamente, la declaración profética de Amós 8:11 se pone claramente en evidencia:
He aquí vienen días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová.
Había abundancia de pan y agua espiritual porque Jesús fue el predicador perfecto. Pero había sequía total, hambre total, escasez de oír la Palabra de Dios.
Lo que estamos entendiendo es
que durante los tres años y seis meses que Jesús estuvo predicando, no había
problema en la presentación del Evangelio verdadero. El problema fue el oír la
Palabra de Dios. En ese sentido, el cielo estaba cerrado y no hubo lluvia.
La realidad es que podemos asumir que muchos, si no la
mayoría, de los 120 o de los 500 anteriormente mencionados fueron salvos antes
que Jesús comenzara a predicar. Sabemos que los pastores, y María, Zacarías,
Elisabet, José, Simeón, Ana y Juan el Bautista, son unos cuantos de aquellos
que fueron salvos antes que Cristo comenzara su ministerio.
Esta sequía y escasez espiritual de oír la Palabra de Dios terminó con Pentecostés. El Espíritu Santo está ahora en medio de aquellos que se reúnen. La estación de la era de la iglesia ha comenzado. Jesús prometió en Juan 14:16,17:
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
El Espíritu Santo, quien es Dios mismo, comenzó a aplicar la Palabra de Dios. De esta manera, aunque Pedro estaba lejos de ser el predicador perfecto que Jesús fue, no obstante 3,000 personas fueron salvas en un día. Hechos 2:41, dice:
Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.
Los tres años y medio de sequía de
oír la Palabra de Dios terminó cuando Cristo resucitó y la lluvia primera o
temprana comenzó. Es decir, la era de la iglesia, que continuaría por más de
1950 años, había comenzado. En principio comenzó cuando Jesús resucitó de
los muertos, pues leemos que El es “las primicias” (I Corintios 15:20, 23).
En tanto que el Espíritu Santo permanezca en medio de los creyentes, que se
reunen como iglesia o congregación, la lluvia primera continúa. Todos los que
se salvan son los primeros frutos o primicias, es decir, todos los que son
salvos durante la era de la iglesia son los primeros frutos.
Por eso es que en Apocalipsis 14:4, los 144,000 son
llamados “las primicias”. En Apocalipsis 7, los 144,000 se identifican con
las 12 tribus de Israel. Esto se debe a que la nación de Israel consistía de
las 13 tribus. Sin embargo, los 144,000 son todas las tribus de Israel
aunque la tribu de Dan no se menciona. De este modo, estas 12 tribus que fueron
simbolizadas por el Israel literal son en verdad el Israel de Dios, que consiste
de todos los creyentes a través de todo el mundo.
En el libro de Santiago, estas mismas 12 tribus están a
la vista cuando leemos el saludo de Santiago:
Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud.
Eso armoniza con la declaración de Santiago 1:18, donde Dios declara:
El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.
De esta forma, podemos estar seguros que el libro de Santiago estaba hablando particularmente de las iglesias y congregaciones de la era de la Iglesia. La gente salva durante la era de la Iglesia es llamada “primicias” tanto en Apocalipsis 14 como en Santiago 1:18. Como vamos aprendiendo, es durante la era de la Iglesia cuando las primicias de la cosecha Pentecostal son traídas al reino de Dios.
Y luego hay otra interrupción a la lluvia del cielo, un tiempo cuando tres años y seis meses son otra vez puestos de relieve como un tiempo sin lluvia. Es decir, sería un tiempo de sequía de oír la Palabra de Dios. La Biblia registra esto en Apocalipsis 11:2, donde Dios profetiza que el templo sería hollado por un período de 42 meses, y leemos:
Pero el patio que está fuera del templo déjalo aparte, y no lo midas, porque ha sido entregado a los gentiles; y ellos hollarán la ciudad santa cuarenta y dos meses.
El período de 42 meses equivale a
los tres años y medio. Cierto, los tres años y medio cuando Jesús estuvo
predicando, y cuando hubo tal sequía o escasez de oír la Palabra de Dios, fue
exactamente, en forma muy literal, tres años y seis meses. Por otra parte, los
42 meses de Apocalipsis 11:2 deben ser entendidos figurativamente. Literalmente
sería un período más largo. Este período se identifica con las 2300 tardes y
mañanas de Daniel 8. Este posiblemente podría ser un período literal exacto
de tiempo. Esta sequía que comenzó al final de la era de la iglesia
significaba efectivamente que la cosecha de las primicias había sido
completada.
La misma escasez de 42 meses o tres años y seis meses
está más explicada en Apocalipsis 11:9, 11 como siendo un período de tres días
y medio. Entendiendo el principio Bíblico de que un día puede significar un año,
los tres días y medio durante los cuales los cuerpos de los dos testigos que
habían sido muertos yacen fuera de las puertas de Jerusalén. A medida que
vamos aprendiendo, la cosecha espiritual del período de lluvia tardía es el
fin del año o cosecha final. Aprendemos que esto también es el mismo período
y el mismo evento durante el cual hay sequía o escasez de oír la Palabra de
Dios.
Recuerde que en Santiago 5:17,18 leímos que no hubo lluvia por tres años
y seis meses, y luego, “el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto”. Así, la escasez de oír la Palabra de Dios durante el ministerio de Jesús fue inmediatamente seguida por la resurrección de Jesús y el Pentecostés, lo cual trajo a la vida la era de la Iglesia del Nuevo Testamento. Anteriormente en nuestro estudio
aprendimos que la Gran Tribulación de Mateo 24:21 fué simbolizada por el período
terrible de la ira de Dios sobre la antigua Jerusalén y Judea. Se extendió
desde la muerte del último rey bueno, Josías, en el año 609 A.C., hasta
cuando Babilonia fue conquistada por los Medos y Persas en el año 539 A.C. Este
período de 70 años simboliza y señala el período completo de la Gran
Tribulación, que ocurre inmediatamente antes del fin del mundo. Esta es la Gran
Tribulación que el mundo está experimentando hoy.
De este período de 70 años se habla en II Crónicas
36:20, 21, donde leemos:
Los que escaparon de la espada fueron llevados cautivos a Babilonia, y fueron siervos de él y de sus hijos, hasta que vino el reino de los persas; para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, hasta que la tierra hubo gozado de reposo; porque todo el tiempo de su asolamiento reposó, hasta que los setenta años fueron cumplidos.
¿Que significa cuando la Biblia enseña que durante los 70 años, la tierra gozaría sus sábados (sus días de reposo)? Descubriremos que esta es una declaración muy importante. Una referencia adicional que se refiere a esta cuestión se encuentra en Levítico 26:33-25:
Y a vosotros os esparciré entre las naciones, y desenvainaré espada en pos de vosotros; y vuestra tierra estará asolada, y desiertas vuestras ciudades. Entonces la tierra gozará sus días de reposo, todos los días que esté asolada, mientras vosotros estéis en la tierra de vuestros enemigos; la tierra descansará entonces y gozará sus días de reposo. Todo el tiempo que esté asolada, descansará por lo que no reposó en los días de reposo cuando habitabais en ella.
Estamos enormemente interesados en
esta declaración de Levítico 26 porque esta también hace referencia a un
tiempo de “gozar los días de reposo”. II Crónicas 36:20 también relaciona
la idea de gozar los días de reposo a los 70 años. Como ya hemos aprendido,
los 70 años tienen que ver totalmente con el juicio de Dios al final del
tiempo, y comienzan con el juicio de Dios sobre las iglesias y congregaciones de
nuestros días.
Por tanto, ahora vamos a ver más de cerca Levítico 26.
Al hacerlo, encontraremos armonía completa con todo lo demás que muestra que
el juicio de Dios está sobre las iglesias de nuestros días.
En Levítico 26:1-4, Dios establece mandatos muy
importantes los cuales El espera que los creyentes obedezcan. Leemos:
No haréis para vosotros ídolos, ni escultura, ni os levantaréis estatua, ni pondréis en vuestra tierra piedra pintada para inclinaros a ella; porque yo soy Jehová vuestro Dios. Guardad mis días de reposo, y tened en reverencia mi santuario. Yo Jehová. Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto.
El primer énfasis es que los creyentes no deben adorar a otros dioses. El segundo es que ellos deben guardar los sábados. La promesa es luego hecha de que si uno hace esto, entonces Dios dará lluvia en su tiempo y la tierra rendirá sus productos. Estas promesas son ampliadas en los versículos que siguen, terminando con la promesa de Levítico 26, versículos 11 y 12:
Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo.
Más adelante examinaremos el mandamiento de que los creyentes no deben adorar otros dioses. Sin embargo, primeramente nos preguntamos por qué el guardar los días de reposo es expresado en este lenguaje. Estamos muy interesados en esto porque nos estamos preguntando acerca del lenguaje que dice que la tierra gozaría sus días de reposo durante los 70 años. Ya que hemos aprendido que los 70 años se identifican con la Gran Tribulación de nuestros días, queremos saber, si es posible, el significado de la frase “la tierra gozará sus días de reposo”.
Para comenzar a entender esta frase “gozar sus días de reposo”, tenemos que regresar a Éxodo 31:13-15, donde leemos:
Tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo; porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico. Así que guardaréis el día de reposo, porque santo es a vosotros; el que lo profanare, de cierto morirá; porque cualquiera que hiciere obra alguna en él, aquella persona será cortada de en medio de su pueblo. Seis días se trabajará, mas el día séptimo es día de reposo consagrado a Jehová; cualquiera que trabaje en el día de reposo, ciertamente morirá.
En estos versículos, Dios insiste que si cualquier clase de obra es hecha el día Séptimo de Reposo, esa persona tenía que ser muerta. Dios demostró la certeza de esta ley, narrándonos un incidente que ocurrió cuando Israel estaba en el desierto después que habían dejado Egipto. En Números 15:32-36, la Biblia reporta:
Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día de reposo.Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación; y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado qué se le había de hacer. Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento. Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés.
¡Qué terrible castigo por lo que parece ser una ofensa menor, recoger unos cuantos leños el Día de Reposo! La solución a este misterio, en el cual lo que parece ser una ofensa menor es castigada con castigo tan drástico, se encuentra en el lenguaje de Éxodo 31:13. Allí leemos que guardar el Sábado era una señal “para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico.”
Un mandamiento que era señal, era un mandamiento que indicaba alguna realidad espiritual. La señal no tenía substancia espiritual dentro de sí. Era una ley ceremonial que estaba señalando un principio de substancia espiritual grande. La substancia espiritual o la realidad espiritual que esta señal estaba mostrando, era el hecho de que Jehová es quien nos santifica cuando hemos venido a ser salvos. Es una verdad paralela a aquella que es reiterada en muchos lugares en la Biblia. Por ejemplo, leemos en Efesios 2:8-10:
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
La obra de salvación es totalmente la obra de Cristo. Dios es tan cuidadoso en nuestro entendimiento de esto que El registra el incidente de
este hombre recogiendo leña el día de Reposo. Esto sería como si yo, que creo que Cristo ha hecho toda la obra para salvarme, piense que he participado en la obra de ser salvo porque acepté a Cristo, o porque fui bautizado en agua; o que la fe que Dios me dio y que yo ejercité fue un instrumento que Dios usó para salvarme. Ahora que entendemos que el guardar
sus días de Reposo significa que tenemos que estar plenamente seguros que sólo
Cristo ha hecho toda la obra de salvarnos, podemos entender cómo eso está
relacionado con la adoración de otros dioses. Veamos cómo se relacionan esos
mandamientos.
Cuando ponemos nuestra confianza en algo, eso se
convierte en un dios al cual estamos sirviendo. La esencia de servir a Dios es
que estamos confiando en El en todos los aspectos de nuestra salvación. Si
confiamos en nuestra cuenta bancaria, entonces ese es nuestro dios. Si confiamos
en un ídolo como lo hizo Israel en sus lugares altos, entonces ese es nuestro
dios. Si confiamos en alguna doctrina que no está firmemente tomada de la
Biblia, entonces estamos confiando en nuestra propia mente. En este caso,
nuestra mente y el individuo que diseñó esa doctrina es nuestro dios.
Del mismo modo, si confiamos en algo que hayamos hecho como ayuda o como condición para nuestra salvación, entonces eso hace a tales obras, doctrinas, ceremonias, o a la iglesia misma, nuestro dios. Aunque insistamos en que somos salvos por gracia solamente, si sostenemos alguna doctrina que enseña que algo, no importa cuán pequeño o insignificante en apariencia, ayudó en nuestra salvación, nosotros estamos adorando a otro dios. El relato del hombre recogiendo leña debería resonar en nuestros oídos, ya que este enfatiza el carácter absoluto de la salvación siendo totalmente la obra sólo de
Jesús.Mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó.¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo.
Ellos estaban confiando en su fiel observancia de las leyes ceremoniales como condición para su salvación. Sin embargo, tenemos que admitir lastimosamente que este también es el problema que existe en las iglesias y congregaciones de nuestros días. Está encajado en prestigiosas confesiones tales como la de Westminster y la de Bélgica. Es anunciado a toda voz por quienes enseñan que el bautismo en agua es una condición para ser salvos, o que tenemos que recitar cierta clase de oración o acercarnos y aceptar a Jesús a fin de ser salvos. Es probablemente la razón básica por la cual la mayoría de las personas que son miembros de iglesias hoy no pueden siquiera pensar en la posibilidad de dejar sus iglesias como Dios manda. Si ellos están confiando aún de manera insignificante en su bautismo por agua, o en su confesión de fe, o en la membresía de su iglesia, o en su participación en la Cena del Señor como poseyendo beneficio espiritual substantivo, ellos no pueden apoyar la idea de dejar sus iglesias. Aunque ellos quizá no se den cuenta, su confianza para salvación está basada totalmente en tales cosas como bautismo por agua y la Cena del Señor, las cuales son leyes ceremoniales señalando aspectos de lo que es la salvación.
Con este conocimiento a la mano de la lluvia tardía, podemos ahora regresar a una pregunta anterior: “¿Cómo es que durante los 70 años la tierra gozaría sus días de Reposo?” (Levítico 26:34, II Crónicas 36:21). Recuerde que los 70 años se identifican con la Gran Tribulación de nuestros días. Recuerde también que durante este período presente de la Gran Tribulación, hay pan y hay agua. Es decir, el verdadero Evangelio está disponible abundantemente, pero al mismo tiempo, hay una escasez de oír la Palabra de Dios. Hemos aprendido que esta escasez es en el templo, las iglesias y
congregaciones que han venido a quedar bajo el juicio de Dios. El Espíritu Santo ya no está en medio. Satanás está reinando.
Recuerde también esto: hemos aprendido que un lugar alto
dominante, el cual constituye un problema en prácticamente todas las iglesias y
congregaciones, es el de un Evangelio de obras y gracia al mismo tiempo.
Insistente e insidiosamente, se sostienen doctrinas en las que el hombre tiene
que contribuir con parte de su esfuerzo para ser salvo.
Sin embargo, si pudiera nombrarse una característica
sobresaliente en relación a muchos que se están esforzando en proclamar
fielmente el verdadero Evangelio fuera de las iglesias, esta sería que la
salvación es 100% solamente por gracia. Bajo ninguna circunstancia puede algún
esfuerzo de nuestra parte, por pequeño que sea o sin importancia, contribuir
para nuestra salvación en sentido alguno. Esta importante verdad fue
simbolizada por el día séptimo de Reposo, cuando no tenía que hacerse trabajo
físico de ninguna clase. De esta manera, cuando un Evangelio es predicado en
todo el mundo que enfatiza gracia y gracia solamente, la tierra, el reino de
Dios, gozará su reposo. Disfrutará un Evangelio totalmente libre de obras.
La importancia de presentar la salvación libre de obras
no puede ser enfatizada lo suficientemente fuerte. Cuando Dios escribió la
Biblia, colocó junto a la Escritura algunos programas de prueba. En el Jardín
del Edén, probó a nuestros primeros padres, plantando un árbol especial y dándole
un nombre tentador y exótico, “el árbol de la ciencia del bien y del
mal”. El mandó luego a nuestros primeros padres a que no comieran el
fruto de este árbol atractivo.
Así mismo, a través de todo el Antiguo Testamento,
Dios mandó que si uno habría de experimentar las bendiciones de Dios, debería
guardar los mandamientos. Si alguien desobedecería los mandamientos, estaría
bajo la
maldición de Dios. El antiguo Israel, por lo tanto, trató fuertemente de
obedecer a Dios guardando religiosamente los mandamientos. Pero falló en
alcanzar las bendiciones de Dios. ¿Por qué? En Romanos 9:31,32, Dios nos
informa:
Mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo.
Ellos fallaron en no darse cuenta de que, junto con estos mandamientos, ellos tenían que guardar perfectamente las leyes ceremoniales tales como las ofrendas quemadas y los sacrificios de sangre. Estas prácticas los estaban guiando a ellos a buscar y a poner su confianza en el Salvador que habría de venir a pagar por sus pecados. A veces, Dios habló muy claramente de esto, cuando declaró, por ejemplo, en Isaías 53:4-7:
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.
Dios también les dió muchas ilustraciones del hecho de que solamente Dios podía salvarles. Piense, por ejemplo, en Dios sacándolos de la tierra de Egipto, estrictamente por medio de los esfuerzos de Dios y llevándolos a través del Mar Rojo únicamente por el accionar de Dios.
Estamos comenzando a ver que Levítico es una advertencia muy seria e importante para nosotros hoy día. La verdad es que Levítico 26:14-16, advierte:
Pero si no me oyereis, ni hiciereis todos estos mis mandamientos, y si desdeñareis mis decretos, y vuestra alma menospreciare mis estatutos, no ejecutando todos mis mandamientos, e invalidando mi pacto, yo también haré con vosotros esto: enviaré sobre vosotros terror, extenuación y calentura, que consuman los ojos y atormenten el alma; y sembraréis en vano vuestra semilla, porque vuestros enemigos la comerán.
Esta advertencia de juicio sobre quienes violan estos mandamientos continúa por muchos más versículos. Estos deberían leerse y valorarse muy cuidadosamente por todos y cada uno de quienes se preocupan por su salvación. Deberíamos llamar la atención hacia el versículo 30, donde Dios declara:
Destruiré vuestros lugares altos, y derribaré vuestras imágenes, y pondré vuestros cuerpos muertos sobre los cuerpos muertos de vuestros ídolos, y mi alma os abominará.
Recuerde que aprendimos que los
lugares altos tienen que ver con la adoración de dioses falsos. Es decir,
tienen que ver con cualquier doctrina que sostenemos, la cual no es leal a la
Biblia. Este capítulo se enfoca especialmente sobre el lugar alto de violar el
día séptimo de Reposo (es decir, tener un evangelio de obras y de gracia, aun
en el sentido más mínimo). Realmente, la lista de lugares altos es muy larga
en nuestros días. Piense, por ejemplo, en las leyes Bíblicas violadas por las
iglesias, enseñando que puede haber divorcio por fornicación y que puede haber
segundo matrimonio después del divorcio.
Este versículo está enseñando que si una iglesia
tiene lugares altos, los tales serán destruidos. Los versículos que siguen
inmediatamente nos instruyen en cuanto a cómo esta destrucción de lugares
altos será llevada a cabo. En los versículos 31-33, leemos:
Haré desiertas vuestras ciudades, y asolaré vuestros santuarios, y no oleré la fragancia de vuestro suave perfume. Asolaré también la tierra, y se pasmarán por ello vuestros enemigos que en ella moren; y a vosotros os esparciré entre las naciones, y desenvainaré espada en pos de vosotros; y vuestra tierra estará asolada, y desiertas vuestras ciudades.
Esta advertencia fue llevada a cabo literalmente contra las diez tribus de
Israel, las cuales fueron totalmente destruidas por Asiria en el año 709 A.C. También fue llevada a cabo literalmente en el año 587 A.C. cuando Babilonia destruyó a Jerusalén. También ha sido llevada a cabo literalmente en nuestros días al quedar desoladas las iglesias y congregaciones. El juicio de Dios está sobre ellas, de modo que el Espíritu Santo ya no está en medio de ellas, y Satanás está gobernando. Verdaderamente, el antiguo Israel estuvo
constantemente bajo pruebas. ¿Tratarían ellos de llegar al cielo por sus
esfuerzos en obedecer los mandamientos de Dios, o se darían cuenta que ellos no
podían llegar a ser lo suficientemente buenos? ¿Buscarían, por tanto, las
promesas de Dios de salvarlos? Como aprendimos de Romanos 9, a excepción del
remanente escogido por gracia, ellos fallaron constantemente las pruebas.
La mismísima condición de prueba existe para los
lectores de la Biblia de la época Nuevo Testamentaria. Dios manda que creamos
en Cristo, que lo confesemos, que nos arrepintamos de nuestros pecados, y que le
busquemos con todo nuestro corazón. Por lo tanto, la mayoría de la gente
concluye inmediatamente, que si hacemos tales cosas, nos salvaremos, y los teólogos
discuten que esto tiene que ser así porque Dios no nos ordenaría hacer algo lo
cual somos totalmente incapaces de hacer. Ellos admiten correctamente que sólo
Cristo puede pagar nuestros pecados, y que esto debe ser entendido como la
gracia de Dios. Y así el Evangelio es presentado como la gracia de Dios, pero
esto requiere alguna acción de nuestra parte, sin importar el tamaño o
significado de esa acción.
Estos teólogos y maestros de Biblia fallan en darse
cuenta que la Biblia enseña claramente que estamos muertos espiritualmente.
Estamos muertos como los huesos secos en el valle de los huesos secos de
Ezequiel 37. Estamos tan muertos espiritualmente como Lázaro estaba muerto físicamente,
en Juan 11, de tal forma que su cuerpo hedía. Ellos fallan en darse cuenta que
Dios dio mandamientos para arrepentirse, creer, etcétera, porque somos creados
a la imagen de Dios. Por tanto, aunque hemos quedado muertos espiritualmente,
todavía somos responsables delante de Dios. Esa es la razón por la cual Dios
justamente puede traer juicio sobre los no salvos, aunque ellos de sí mismos
jamás podrían haber complacido a Dios. Dios no mira a la humanidad como robots
o como animales. El estima a la humanidad como aquellos que fueron creados a la
semejanza de Dios, y por consiguiente, totalmente responsables frente a Dios por
la manera como han vivido.
Por tanto, El habla y ordena a la
humanidad hacer cosas como si ellos todavía fueran capaces de hacer aquellas
cosas. El da los mandatos de creer en El, de arrepentirnos, de buscarle a El,
porque la humanidad fue creada para obedecer a Dios. La humanidad fue creada en
la misma semejanza de Dios.
Pero, tal como debemos hacer con toda declaración de la
Escritura, debemos llevar toda la Biblia a referirse al versículo que nos manda
creer en Cristo. Es allí cuando descubrimos que no podemos creer, no podemos
arrepentirnos. Somos esclavos del pecado. Estamos bajo la esclavitud de Satanás.
Espiritualmente estamos muertos. Se nos dice que nadie busca a Cristo. Se nos
dice que nadie viene a Cristo si el Padre no le trae.
Además, descubrimos que para ser salvos,
cada uno de nuestros pecados, sucios, corrompidos y llenos de rebelión, tienen
que ser puestos sobre el Señor Jesús. Esto es así, porque solamente El es
capaz de pagar esos pecados. Y sólo Dios puede hacer la decisión de cuáles
pecados han de ser cargados sobre el Señor Jesucristo. Más que eso,
descubrimos que aún después que nuestros pecados han sido pagados, otro
milagro estupendo debe realizarse. Y este es, que Dios tiene que aplicar la
Palabra de Dios a nuestra vida y darnos una alma nueva resucitada. Todo esto
tiene que suceder antes de que seamos salvos. Y no hay parte alguna en todo
esto, en lo cual podamos ayudar. Con razón Dios dice que es tan sólo por
gracia que somos salvos, y no por obras.
Cuando sinceramente entendemos todo lo que se requiere
para ser salvos, nos damos cuenta por qué nuestras obras, nuestros esfuerzos,
nunca podrían ayudar en manera alguna a nuestra salvación. Entonces, cuando
agregamos a este conocimiento el saber que somos cadáveres espirituales,
sabemos sin ninguna sombra de duda que el único que puede salvarnos es Dios
mismo. Estamos completamente a merced de El.
Es verdad que sabemos que El es un Dios misericordioso.
También sabemos que podemos suplicarle a Dios misericordia. Sabemos que esto no
nos ayudará de ninguna manera en salvarnos, pero al menos tenemos la certeza de
que Dios sabe nuestro deseo de salvación.
Ya que la fe viene por el oír de la Palabra de Dios,
podemos colocarnos
Esa es la razón por
la que existe una organización como Family Radio. Nuestro único propósito
para existir es colocar a la gente de todo el mundo bajo el oír de la Palabra
de Dios. A quién salvará Dios, o cuándo salvará a alguno es cosa totalmente
de Él. El principio más grande que debemos observar es, que nunca debemos enseñar
de manera tal que un individuo pueda proveer alguna clase de ayuda para salvarse
a sí mismo.
Esta verdad de que toda la obra para que alguien se
salve debe ser hecha por Dios puede ser vista claramente cuando Dios salva a un
bebé. Juan el Bautista, por ejemplo, dio evidencia de que él ya había sido
salvo mucho antes de que naciera. Obviamente, toda la actividad de ese bebé,
llegando a ser salvo, tiene que ver con la actividad de Dios.
Sólo a medida que traemos esta clase de mensaje de
salvación, la tierra (el reino de Dios) gozará de sus días de reposo.
De esta manera, es un Evangelio por el cual la tierra,
el reino de Dios, puede gozar sus días de reposo. A través de ministerios como
el de Family Radio, mediante individuos y grupos que tienen compañerismo
juntos, fuera de las iglesias, el Evangelio verdadero está llegando a todo el
mundo. Oremos que esta actividad pueda ser continuada fielmente hasta el último
día cuando Cristo venga.
Hemos aprendido de Apocalipsis 7, que después que los
144,000 han sido sellados, una gran multitud que ninguno puede contar, vendrá a
ser salva. Recuerde, esos 144,000 simbolizan la totalidad de todos aquellos que
serían salvos durante la era de la iglesia.
En Apocalipsis 14 encontramos una segunda referencia a
estos 144,000. Apocalipsis 14:1, declara:
Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente.
El versículo 4 nos asegura que ellos son de la era de la iglesia porque se habla de ellos como siendo “primicias para Dios y para el Cordero”. A continuación de estas referencias a los 144,000, la Biblia continúa en el versículo 6, donde Dios declara:
Vi volar por en medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo.
Este versículo,
como el versículo 9 de Apocalipsis capítulo 7, está hablando de otro evento,
independiente de los 144,000. Descubriremos que está hablando de quienes son
identificados con la lluvia tardía.
Note primeramente que este versículo habla de una
continuación de la proclamación del Evangelio que ha de ir a todas las
naciones, tribus, pueblos y lenguas. Este lenguaje es prácticamente idéntico
al que leemos en Apocalipsis 7:9: “de todas naciones y tribus y pueblos
y lenguas”. Es la predicación del Evangelio a las naciones del mundo
por aquellos que están fuera de las iglesias, después que la era de la iglesia
ha llegado a su fin.
Apocalipsis 14:7 es de singular importancia porque
detalla la naturaleza de la predicación que está llegando a todo el mundo
después de la era de la iglesia. Leemos en el versículo 6 que es el Evangelio
eterno el que tiene que ser predicado a aquellos que habitan sobre la tierra,
pero el versículo 7 da más detalle concerniente al énfasis que el Evangelio
debe tener. El versículo 7 declara:
Diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
Este versículo declara que la predicación tiene que ser en voz alta. Podemos entender esto como significando que tiene que proclamarse de manera tal que pueda ser escuchado claramente. Sin duda, siendo que podemos enviar el Evangelio por radio e “internet” y transmisión por satélite, de modo tal que puede ser escuchado claramente en los hogares de la gente de todo el mundo, está llegando con voz alta.
En segundo lugar, el énfasis del mensaje del Evangelio es una
advertencia de temer a Dios. Cuando reflexionamos por un momento en esta advertencia de predicar el temor de Dios, fácilmente podemos ver la razón para ello. Es triste decirlo, pero en el ambiente de la iglesia de nuestros días y por muchas décadas pasadas, vemos que ha habido poca o ninguna evidencia del temor de Dios.
Déjeme ilustrarlo. El mandato que se da a todo maestro y
predicador Bíblico es que lleve fielmente todo el consejo de Dios a quienes
ellos están enseñando o predicando. En cualquier momento que predican una
doctrina que no es leal a la Biblia, realmente, ellos están en rebelión contra
Dios. En realidad, ellos están diciendo que saben más que el Dios
Todopoderoso. Ellos están insistiendo que su sabiduría es más grande que la
sabiduría de Dios.
Para ilustrar esta realidad, piense, por ejemplo, que
hay predicadores que predican las doctrinas de la iglesia Luterana, otros
predican las doctrinas de las Iglesia Bautistas, otros predican las doctrinas de
la denominación Metodista, otros, de la Iglesia Reformada, etcétera. Cada una
de esas denominaciones frecuentemente sostienen su interpretación única de un
tema particular, mientras que otra denominación tiene una comprensión
diferente del mismo tema. Obviamente, sólo puede existir una interpretación
del tema en cuestión que es totalmente leal a la Palabra de Dios, y todas las
demás son enseñanza de falsa doctrina.
Por lo tanto, con el conocimiento de todas estas
diferentes apreciaciones del mismo tema, los pastores y maestros que quieren ser
totalmente fieles a la Palabra de Dios, y que tiemblan delante de la
responsabilidad de tener que presentar la verdad, deberían estar estudiando
constantemente la Palabra de Dios y haciendo corrección a las doctrinas que han
estado enseñando incorrectamente.
Para decirlo de otra manera, ¿cuántos pastores hoy están
listos para estar en desacuerdo con alguna declaración o doctrina en una
confesión que su denominación sigue, si sospechan que no es muy fiel a la
Palabra de Dios como debería de serlo? Quienes tengan verdadero temor de Dios
deberían estar estudiando constantemente la Palabra de Dios y estar listos a
modificar la confesión o doctrina de su iglesia si esta no es tan fiel a la
Palabra de Dios como debería serlo.
Y otra vez, por ejemplo, durante cientos de años fue la posición Bíblica correcta de la mayoría de las denominaciones que la Biblia enseña que no debería haber divorcio cualquiera que fuera la razón, y que no debería haber segundo matrimonio si el cónyuge divorciado todavía vive. Hoy, prácticamente todas las congregaciones enseñan que puede haber divorcio por causa de fornicación y que el segundo matrimonio después de divorciarse también es posible. El gran número de personas divorciadas en las iglesias de nuestros días, y aún en el cuerpo gobernante de las iglesias, testifica de la realidad de este pecado.
¿Cuántos pastores y ancianos o diáconos despiertan
sobresaltados en la noche, porque se dan cuenta que su iglesia está violando
las leyes de Dios del matrimonio? En Filipenses 2:13, se nos dice que nos
ocupemos en nuestra salvación con temor y temblor. Si alguien
debería de temblar delante de Dios, serían los maestros y predicadores de la
Biblia. Es con buena razón que Dios instruye a aquellos de la lluvia tardía
que la primera cosa que ellos deberían enfatizar en la proclamación del
Evangelio es el temor de Dios. Y, por supuesto, si ellos tienen que predicar el
temor de Dios, ellos mismos deberían temblar delante de Dios y asegurarse que
son fieles a todo el consejo de Dios.
Recuerde que la Biblia enseña que Dios es el mismo
ayer, hoy, y por los siglos, y que Israel en el año 709 A.C. y Judá en el 587
A.C. fueron destruidos por Dios por su rechazo de quitar los lugares altos.
Estas pruebas históricas de las acciones pasadas de Dios deberían causar en
cada pastor, temblar de temor. Ninguna iglesia hoy en día tiene más protección
de la ira de Dios que la que Israel y Judá tenían al tiempo cuando ellos eran
el centro de atención de la relación de Dios con la humanidad.
El tercer aspecto del mensaje del
Evangelio que debería predicarse durante la lluvia tardía es que tenemos que
dar toda la gloria a Dios.
Esto pareciera ser un mandato innecesario. ¿Acaso no
estamos
glorificando a Dios, cada vez que llevamos el Evangelio? La verdad es que, si
tenemos alguna clase de evangelio de obras y gracia, no estamos dándole toda la
gloria a Dios. Hasta cierto punto, estamos glorificando al hombre por su parte
en el proceso de salvación. Si, por ejemplo, creemos que las confesiones de
nuestra iglesia están en un nivel menor de autoridad, y sin embargo en la práctica,
ellas son la norma por la cual una iglesia mide alguna doctrina, entonces Dios
no está siendo glorificado. Los padres de la iglesia que escribieron las
confesiones están siendo glorificados.
En cualquier momento que una iglesia sigue alguna
doctrina que no está firmemente basada en la Palabra de Dios, es el hombre
quien es glorificado y no Dios. La verdad es que hoy, si una iglesia rehusa
obedecer las abundantes advertencias de la Biblia de que está bajo el juicio de
Dios, no está glorificando a Dios.
Un cuarto aspecto del Evangelio que tiene
que predicarse es, que el juicio de Dios ha llegado.
Examinemos detenidamente Apocalipsis 14:7, donde leemos:
Diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.
Somos instruidos a que otro aspecto del mensaje del Evangelio que debería predicarse durante la lluvia tardía es que la hora del juicio de Dios ha llegado. La manera como esta oración está escrita debería causar temblor con temor a todo aquel que lo lee. La frase completa es, “dadle gloria (a Dios), porque la hora de su juicio ha llegado”. Deberíamos pensar inmediatamente en la declaración de Josué a Acán precisamente antes de que Acán cayera bajo la ira de Dios. Acán había desobedecido a Dios al tomar para sí, oro y plata que deberían haber sido destruidos. Dios mostró a Josué que Acán había hecho esto. Al pararse Acán delante de Josué, éste le dijo, en Josué 7:19:
Entonces Josué dijo a Acán: Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras.
Acán confesó su pecado, pero fue demasiado tarde. Por
orden de Dios, él fue apedreado hasta morir.
De modo semejante, debemos recordar que Dios está
completamente al tanto de cada uno y de todos los pecados de las iglesias y
congregaciones. El está totalmente enterado de los lugares altos, doctrinas
producidas por pensamientos elevados de teólogos, y no de la humilde sumisión
a la Biblia. Y ahora, a nosotros que tenemos el verdadero Evangelio se nos
ordena proclamarlo a todos los que manifiestan un interés en la Biblia, a darle
gloria a Dios, porque la hora de Su juicio ha llegado.
Podría notarse que la proclamación de que el tiempo
del juicio de Dios ha llegado sobre las iglesias y congregaciones es la
proclamación menos felíz posible. El profeta Jeremías tuvo la misma tarea
infelíz en su tiempo, cuando él fue mandado a declarar a Judá que Dios iba a
destruirlos, por medio de los ejércitos de Babilonia. Muchos teólogos lo han
llamado “el profeta que llora”. No le causaba gozo predicar juicio a Judá.
Igualmente, esta es la tarea más triste posible
asignada por Dios a los que están fuera de la iglesia. Esa tarea es proclamar a
las iglesias y congregaciones que el tiempo del juicio ha llegado. La prueba de
que estamos en ese tiempo no puede ser negada.